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En lo relativo a las medidas, la Federación Española de Padel ha establecido unas medidas máximas para las palas de competición de 45,5 centímetros de largo, 25 centímetros de ancho y 38 milímetros de grosor. Y aunque el número de agujeros situados en la parte central de las palas de padel no está limitado, sí está regulada la dimensión de estos orificios, que debe oscilar entre los 9 y los 13 milímetros. Asimismo, la parte de la pala de padel que rodea esta zona central (conocida como superficie periférica de la pala) no puede exceder de los 4 centímetros.
Éstas son las características de las palas de padel reglamentarias y, por tanto, de la mayor parte de las que uno puede encontrarse en el mercado. Sin embargo, hay un buen número de asuntos que quedan en el aire, lo que hace que existan notables diferencias entre las palas de padel destinadas a un uso profesional y las orientadas al público amateur. El peso, por ejemplo, suele ser mucho más elevado en las palas de competición, pues permite imprimir una mayor velocidad a la pelota. Igual de variopintas son las superficies de golpeo de las palas de padel, pudiendo encontrarlas lisas, estriadas, planas o rugosas (para golpear con efecto a la pelota).
También es habitual hallar múltiples diferencias en los materiales utilizados por los distintos fabricantes. Las principales marcas han tomado como punto de partida la materia prima de las raquetas de deportes como el tenis o el squash (fibra de vidrio, titanio, fibra de carbono, grafito, etc.), pero les han añadido nuevos materiales adaptados a la práctica del padel, para aumentar la potencia de la pegada y reducir en la medida de lo posible el riesgo de lesiones.